Antes de tratar el valor de la Cooperación quiero presentarte a tres personajes muy famosos: SinCope, ToCope y ConCope. ¡De seguro que los conoces! Es más, quizás como yo alguna vez te has parecido a alguno de ellos, o talvez, de hecho, seas como uno de ellos hoy en día. Aquí te los presento.

SinCope

Este es aquel personaje a quien le encanta decir: ­ ¡Señore’ hagamos esto!.. ¡Cuenten conmigo!  Y super ‘‘activo’’ sale por ahí, disque pueto pa’ eso, pero a la hora de organizar, de recoger, de comprometerse, ¡Saca pie full! O de lo contrario como que se acoteja, se recuesta del otro y prácticamente no hace nada, le deja todo el trabajo a los demás… Y como si fuera poco después llega con su cara frequecita y hasta sonriendo… ¡Bárbaro!, ese es SinCope, sin cooperacion.

ToCope

Ahora bien, también encontramos el caso contrario, pero que en el fondo es igual, incapacidad de cooperar. Se trata de ToCope. Es esa persona que todo lo abarca, que todo lo quiere hacer, que todo lo sabe, que siempre quiere dirigir o sino no participa. ToCope no deja que los demás tengan iniciativa, pues a pesar de que tiene cualidades de liderazgo no sabe manejarlas, no sabe cooperar, sino mandar y controlar, con lo que conscientemente o no causa que quienes le rodean pierdan interés en ayudar. ¿Acaso te pareces a ToCope?

ConCope

ConCope es aquel quien actúa con cooperación oportunamente. Es un verdadero cooperador(a).

Quien coopera es aquel quien opera ‘‘con’’ los demás, quien procede en conjunto, quien aporta hacia un resultado en común. El cooperador no es un francotirador, quien puede dar una vez en el blanco, sí, perfecto, pero no puede ganar batallas. El cooperador es aquel soldado que se une al batallón desde y con sus capacidades en pos de que todos ganen las más grandes guerras. Este conoce sus cualidades, pero las pone al servicio de los demás. Bien nos dice al apóstol Pedro: “Cada cual ponga al servicio de los demás dones recibidos” (1 Pedro 4, 10)

Cooperar va más allá de actuar por mandato, pues a esto se le llama obedecer. Cooperar sale de la voluntad propia del ser humano, sin imposición. Surge por la decisión íntima de cada quien de contribuir, provocada por una invitación o dada la identificación de un problema sobre el cual puede haber solución o mejora. Yo coopero porque quiero un bien mayor que el solo bien personal.

Cooperar

Fuente: https://goo.gl/8LWxj7

De nada sirve cooperar esperando algo a cambio, pues a eso se le llama negocio a crédito, o favor con intereses. De nada sirve cooperar porque se te exige hacerlo, pues al final darás una cooperación mediocre, sin trascendencia. De nada sirve cooperar cuando ya no se necesita, cuando ya no existe la necesidad. El verdadero cooperador es quien sabiendo cuáles son sus talentos humanos y espirituales los pone desinteresada y voluntariamente al servicio de los demás en el momento oportuno.

¿Y qué hacer si se me pide ayuda en algo que no soy bueno?…

Existen dos valores muy importantes a tomar en cuenta en estos casos: La Caridad y la Honestidad.

En un corazón donde habita Dios habita el Amor, por lo que siempre que alguien le pide ayuda este la da como pueda, pero también existe la honestidad, la cual nos debe llevar a cooperar en lo que podemos ser útiles, ser canal de solución, pues a veces por querer cooperar desconociendo sobre aquello en que se nos pide ayuda terminando empeorando las cosas.

También debemos ser capaces de decir «no» cuando no sabemos cooperar en aquello que se nos pide ayuda, pero de inmediato con amor decir: No sé hacer lo que me pides, pero ¿Puedo cooperar de otra forma?

     Puedes cooperar con un operativo de limpieza de tu sector, arreglando una casita de alguien que vive en la miseria, limpiando el patio de la escuela, entre muchas otras actividades en las que tienes talentos que aportar.

Actúa con cooperación, sabiendo que hay más felicidad en dar que en recibir, que no debemos vivir para ser servidos sino para servir, pues quien no vive para servir no sirve para vivir.

 

Manuel Sadí Lamarche