¡Caminando juntos hacía el Sínodo de los Obispos de 2018!

Y en ese caminar, una de las cosas que como jóvenes debemos tener más presentes, poner en práctica y dar ejemplo concreto, es el hecho de  que estamos llamados a ser discípulos de un Jesús vivo y fraterno. El diccionario (RAE) define discípulo como:  Persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. Curiosamente esta palabra  aparece 46 veces en el Evangelio de Mc. En el Nuevo Testamento aparece 261 veces, de las cuales en Mt: 72; en Lc: 37; en Jn: 78; en Hch: 28. Como ejemplo icónico en este viaje de preparación hacía el Sínodo de los Obispos estamos llamados a  seguir las huellas del discípulo amado, y el documento preparatorio lo  expresa:

Ofrecemos como inspiración para el camino que inicia un icono evangélico: Juan, el apóstol. En la lectura del Cuarto Evangelio él no sólo es la figura ejemplar del joven que elige seguir a Jesús sino también «el discípulo a quien Jesús amaba» (Jn 13,23; 19,26; 21,7).   El llamado al discipulado requiere una respuesta y determinación. Requiere el darse totalmente, sin condiciones, sin agendas personales ni prejuicios al plan de Dios. Primero es necesario tener un encuentro con Cristo, profundo e intencional donde con nuestros labios declaramos que Jesús es nuestro Señor y Salvador (Padre Claudio Díaz Jr.) Al igual que Juan, El apóstol, nuestra elección ha sido Cristo, Salvador nuestro, y día tras día, tenemos el deber de ser abanderados de su sacrificio, de su obediencia, fortaleza, liderazgo y sobre todo de su amor. No dejarnos abrazar como Marta, la hermana de Lázaro, del trajín diario, sino imitar a María y ser capaces de entender que las cosas de Dios priman sobre todas las demás cosas. Sobre esto el Papa Francisco en la homilía del 11 de Junio 2015, en Santa Marta (Roma) resaltaba que el trinomio que compone el discipulado es:

  1. Camino: Si un discípulo se queda quieto y no sale, no da lo que recibió en el Bautismo a los demás, no es un verdadero discípulo de Jesús: le falta la misionariedad, le falta salir de sí mismo para llevar algo de bien a los demás”.
  2. Servir: “Si un discípulo no camina para servir no sirve para caminar. Si su vida no es para el servicio, no sirve para vivir como cristiano. Y allí está la tentación del egoísmo: ‘Sí, soy cristiano, yo estoy en paz, me confieso, voy a Misa, cumplo los Mandamientos’, pero ¿y el servicio? El servicio a Jesús en el enfermo, en el encarcelado, en el hambriento, en el desnudo. Eso que Jesús nos ha dicho que debemos hacer porque ¡Él está allí! El servicio a Cristo en los demás”.
  3. Gratuidad: “Lo que gratuitamente habéis recibido, gratuitamente dadlo”

Estás palabras condensan muy bien cualidades y características que giran entorno al discipulado y las cuales debemos tener presentes en nuestros corazones. Sin embargo, no todo queda ahí, retomando la figura de San Juan Apóstol, el mismo es testigo de la Pasión, de la Resurrección, sirve de soporte a la Virgen María, es testigo del sepulcro vacío, y después reconoce al Maestro en el Lago de Tiberíades dando testimonio de Él a la comunidad: La figura de Juan nos puede ayudar a comprender la experiencia vocacional como un proceso progresivo de discernimiento interior y de maduración de la fe, que conduce a descubrir la alegría del amor y la vida en plenitud en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia.

 

Fuentes:

  1. https://es.aleteia.org/2015/06/11/papa-francisco-un-discipulo-de-jesus-que-no-sirve-a-los-demas-no-es-cristiano/
  2. http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20170113_documento-preparatorio-xv_sp.html#Tras_las_huellas_del_disc%C3%ADpulo_amado
  3. http://www.vicariadepastoral.org.mx/proyectos/6a_semana/hojas/discipulado.htm
  4. http://www.catolicoperiodico.com/catonline/2016/08/1.aspx