Como dominicanos el 27 de febrero es un día de júbilo y celebración pues se conmemora un año más de nuestra Independencia.

La fundación de la organización secreta La Trinitaria en 1838 de manos de Juan Pablo Duarte, inspirado por el liberalismo europeo, y de otros jóvenes inicia el proceso para la creación de una nación independiente. También se crea La Filantrópica y así se va gestando poco a poco el sentimiento de una patria libre.

Recordemos el Juramento Trinitario:

“En el nombre de la Santísima, Augustísima e Indivisible Trinidad de Dios Omnipotente, juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá un pabellón tricolor en cuartos encarnados y azules atravesado por una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo ante Dios y el mundo. Si tal hago, Dios me proteja, y de no, me lo tome en cuenta; y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo.”

La noche del 27 de febrero de 1844, en la Puerta del Conde fue proclamada nuestra República Dominicana con Francisco del Rosario Sánchez a cargo, pues Duarte se encontraba ausente. También otros representantes como Ramón Matías Mella, Jacinto de la Concha, Tomás Bobadilla, Manuel Jiménez, José Joaquín Puello y otros más le expresaron su decisión a las autoridades haitianas de ser libres e independientes aunque costara la vida.
La bandera Dominicana ondeó esa misma noche en la Puerta del Conde bordada por Concepción Bona y María Trinidad.

“Qué linda en el tope estás
Dominicana bandera
Quien te viera quien te viera
Más arriba mucho más.”

Como dominicanos pero mas especialmente como jóvenes debemos mantener estos valores de libertad e identidad que nos dejaron nuestros patriotas.

 

Por Yarianna Betancourt