“Exhortamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirnos en la esperanza de una República Dominicana con un ambiente más sano y en mejores condiciones para las generaciones presentes y futuras. Hagamos el esfuerzo necesario para conservar y proteger nuestros recursos naturales, de modo que podamos vivir conservando nuestra casa común, con toda la belleza, pureza y perfección con que Dios la creó, como lo expresa la Carta Pastoral del 1987 cuando dice: “La Tierra con sus bienes es patrimonio de la humanidad. Es herencia que recibimos, que debemos administrar y distribuir con justicia y equidad y que debemos transferir a los que nos sucedan, no deterioradas, sino, por el contrario, mejoradas”.

Smoke Coming Out of Pipe

Extraigo ese pequeño párrafo de las conclusiones del documento de la Conferencia del Episcopado Dominicano, REPÚBLICA DOMINICANA: NUESTRA CASA COMÚN, a razón de que cada vez más, noto que como jóvenes debemos abrazar más a nuestra nación. Tal vez estén cansados de oír una y otra vez “debemos conservar nuestro medio ambiente”, pero es importante que como hijos de Dios veamos a nuestro alrededor y nos preguntemos qué estamos haciendo para mejorar nuestra casa común, para protegerla, para amarla un poco más. Día tras día somos testigos de personas que lanzan la basura a las calles y no se inmutan. También somos espectadores silenciosos de un sistema de transporte que apuesta cada día más a la adquisición  de un vehículo privado –debido a que nuestro sistema de trasporte público sencillamente es malo- siendo esto una fuente incesante de dióxido de carbono…Y esos son tan sólo un par de ejemplos de cómo maltratamos a nuestra Quisqueya ¿Somos tan indiferentes que no nos duele el medio ambiente de nuestro país?

Hace unos años atrás leí un texto titulado: “Me caí del mundo y no sé por dónde se entra (para mayores de 50)”  de la autoría de Eduardo Galeano, periodista y autor de origen uruguayo, del cual les comparto el siguiente extracto: “Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre. Me educaron para guardar todo. Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería… ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron? Palabras atemporales que seguirán zumbando a lo largo de los tiempos…GarbageSeamos menos egoístas, pensemos en las generaciones venideras. Promovamos una cultura distinta, reutilicemos, reciclemos, exijamos a nuestros gobiernos políticas a largo plazo que garanticen el medio ambiente, y los recursos naturales, que aunque tengamos mucho, sino somos capaces de pensar más allá de la avaricia, y el uso indiscriminado de los mismos entonces que será de nuestro pueblo si las playas pierden su esplendor, si nuestros ríos y arroyos siguen desapareciendo, si seguimos otorgando recursos naturales para la explotación inmisericorde ¿Qué será de nuestro pueblo sin toda esa riqueza de la que tanto nos vanagloriamos?

 

 

Los invito chicos y chicas a enamorarse de nuestra nación, cuidarla, respetarla y sobre todo orar por ella, para que Dios siga derramando bendiciones.