Celebrando la Asunción de María nuestra heralda intercesora, Madre de nuestro Salvador. En esta ocasión tan importante, traemos un extracto de un poema escrito por José Zorrilla, escritor Español, quien dedicó todo un libro de Poemas a la Madre del Cristo.

Es una noche plácida
del abrasado estío;
el viento calla indómito,
se aduerme el mar bravío,
y espira el blando céfiro
entre una y otra flor.
En las azules bóvedas
de estrellas mil cercada,
su faz ostenta nítida
la luna nacarada,
el llano y la alta cúspide
bañando en su fulgor.
Mas del Empíreo súbitos
raudales se desprenden
de viva luz: mil ráfagas
de fuego el aire hienden,
y alto cantar de júbilo
se oyó en aquel confín.
Moviendo al par las cándidas
alas de nieve y oro,
cruza veloz la atmósfera
entero el sumo coro,
hacia el estrecho límite
del plácido jardín.
Ya llegan: la marmórea
losa que tanto encierra
alzan, los rostros fúlgidos
humillan a la tierra,
ciegos al astro vívido
que osaron contemplar.
Mas el alado príncipe
que la falange impera
y que a la diestra ciérnese
de Dios en la alta esfera,
bajo el mirar fulmíneo
pudo en la tumba entrar.
Como entre nubes diáfanas
y fajas purpurinas,
tras la borrasca lóbrega
y en tierras ya vecinas,
surge al cansado náufrago
del sol la rabia faz:
Así entre lienzos cándidos
y delicadas flores,
bañado el rostro límpido
de espléndidos fulgores
la reina de las vírgenes
yace dormida en paz.
Entonce los arcángeles,
espíritus guerreros,
que cabe al trono altísimo
de Dios, son los primeros,
y en cien batallas hórridas
vencieron a Luzbel,
Sobre sus alas rápidas
pusieron a MARÍA,
y con cantar melódico
por la región vacía
más breves que el relámpago
vuelan a donde está ÉL.