ARZOBISPADO DE SANTO DOMINGO
HOMILÍA PRONUNCIADA
POR MONS. FRANCISCO OZORIA ACOSTA,
EN EL “TE DEUM” CELEBRADO
EN OCASIÓN DEL 173er ANIVERSARIO
DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL.

Catedral Primada de América
27 de Febrero del 2017

Excelentísimo Señor Presidente de la República, Lic. Danilo Medina Sánchez,

Señora Primera Dama, Doña Cándida Montilla de Medina,

Señora Vicepresidenta de la República,

Dra. Margarita Cedeño de Fernández,

Señores Miembros del Congreso Nacional,

Señores Ministros, Señores Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en la República Dominicana. Excelencia Reverendísima,

Mons. Jude Thaddeus Okolo. Nuncio Apostólico de Su Santidad

Hermanos Sacerdotes.

Queridos hermanos y hermanas presentes en esta Catedral Primada de América y todo nuestro pueblo Dominicano.

Nos reunimos alrededor de un acontecimiento que nos ha marcado como personas, como familia y como pueblo: La Independencia Nacional que hoy arriba a su 173er aniversario.

Tenemos un buen motivo para dar gracias a Dios (“Te Deum”).

Les damos la más cordial acogida a esta casa común, que es nuestra Iglesia madre. Queremos compartir con ustedes unas reflexiones, inspiradas en el Evangelio de San Juan, que se nos ha proclamado, que aparece en nuestro Escudo Nacional y que recoge lo que estamos llamados a vivir como dominicanos. Dios, Patria y Libertad, y el texto de San Juan: “La verdad les hará libres” (Juan 8, 31-32).

DIOS:

Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas. Él es el autor de la vida, de cada vida humana, de la cual nadie puede disponer. Dios es fuente viva de la dignidad de todos los seres humanos.

En el Escudo Nacional, Dios es origen e inspiración de nuestros Patricios, los cuales asumieron como dinámica liberadora la Trinidad de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios está en el origen de nuestra Patria.

Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, se nutrieron de una espiritualidad trinitaria que les impulsó, con la seguridad que Dios sólo sabe dar, hacia la realización de una tarea histórica, cuyos frutos hoy cosechamos los dominicanos.

Hoy tenemos el imperativo moral de asegurar y hacer crecer nuestra fe en Dios, amenazada por el Secularismo, que se propone sacar a Dios de la vida de las personas, de la familia, de la educación, de las leyes y hasta del lenguaje común.

PATRIA:

La Patria es la gente. Son las personas que conforman la Nación. Se construye la Patria cuando se defiende, protege y se cuida el bienestar de todos, sin distinción ni discriminación. Con amor y con sacrificio.

Hacer Patria es servir con generosidad incondicional, no persiguiendo intereses personales o grupales; sino, el bien de todos los ciudadanos.

LIBERTAD:

Exterior e interior. La libertad nace y se desarrolla cuando se respeta a la persona y su dignidad, desde su concepción hasta su muerte natural.

Es mucho más fácil conquistar la libertad exterior, que la libertad interior.

Hace 173 años fuimos liberados de una opresión exterior, por un grupo de jóvenes que había conquistado la libertad interior en sus corazones y en sus vidas, porque Dios estaba en el primer lugar para ellos.

Hablar de libertad interior en el hoy de la Historia Dominicana, significa dejar atrás todas las opresiones que nos afligen, nos preocupan y nos mueve a renovar nuestro espíritu de esperanza. Significa dejar atrás el partidismo y la ambición de poder.

Hablar de libertad interior es también, erradicar de nuestro ser el egoísmo, las mentiras, las traiciones, los fraudes.

“La Verdad les hará libres” (Juan 8, 32)

La verdad es el fundamento de la libertad. Aquí no caben las mentiras, el engaño, ni el soborno.

Es preciso armonizar con la verdad, todo el quehacer nacional, político, económico, judicial y social, de tal manera que el crecimiento económico, por ejemplo, se perciba en la integridad
de la nación. Para que sea un desarrollo verdadero, es preciso que se traduzca en un beneficio efectivo para las mayorías, que llegue a los barrios marginados, a los campesinos, a los jóvenes que ni estudian, ni trabajan y a todos los ciudadanos.

Todos los dominicanos tenemos los mismos derechos y los mismos deberes. Es imprescindible, que, con el esfuerzo de todos, se reduzca la gran brecha entre un grupito de gente muy rica y una muchedumbre de miserables.

Demos Gracias a Dios en este día de la Patria.

1. Nos llena de esperanza la prioridad que se está dando a la educación, centrada en la calidad de nuestros maestros, en la formación integral en valores, el uso de la tecnología, las infraestructuras con servicios complementarios y confiamos en que se siga consolidando la tanda extendida. Sabemos que es un esfuerzo aún no terminado.

2. Invitamos a las autoridades a continuar el saneamiento de las cañadas, que se ha iniciado tímidamente en la ciudad de Santo Domingo. Liberemos a tantos ciudadanos, que viven en la insalubridad.

3. Exhortamos al Señor Presidente a repetir la reciente experiencia de La Nueva Barquita.

Queridos hermanos y hermanas dominicanos, este 27 de febrero fortalezcamos nuestra fe en Dios, nuestro amor a la Patria, nuestro apego a una auténtica y genuina libertad interior y exterior y pongamos todas nuestras fuerzas humanas y espirituales al servicio de LA VERDAD, que nos hará libres.

¡Ave María Purísima!