En la vida nos topamos con mucha gente; algunos pasan y se van, otros se quedan. Y al iniciar un nuevo año nos damos cuenta de que quedarse es estar, aun viviendo lejos, quedarse es estar ahí, cuando más lo necesitamos.

Esos(as), los que se quedan, los que con su escucha dicen más que mil palabras; esos que nos dicen las cosas de frente, que no tienen doble rostro con nosotros; esos que nos tienden la mano cuando nos sentimos caer; que nos abrazan; que nos dan una llamadita solo para saber cómo estamos; esos van más allá y hasta comparten su amor con nuestros familiares; aquellos que nos aceptan como somos y nos corrigen cuando no lo somos; que nos preguntan porque se interesan; que se alegran con nuestras victorias y que no sólo lloran con nuestras penas, sino que nos ayudan a superarlas; esos, esos son los hermanos.

Algunos son de sangre, sí, aunque hay otros que los llevamos tan dentro como si lo fueran. Los hermanos y las hermanas son compañeros de camino que El Señor nos regala en la tierra, para acompañarnos hasta regresar a nuestro Padre Común. Son amigos, son fraternos. Vale la pena que mires a tu lado e identifiques a esos que han estado ahí para ti durante el año, pero no para que te quedes mirándoles, sino para que les valores, les aprecies, les expreses con palabras y acciones tu afecto, no sólo un día, no sólo en Navidad, en San Valentín o en su cumpleaños, sino siempre. Con llamadas frecuentes sólo para preguntarles: ¿Cómo estás? Estoy aquí para ti.

María, la Madre de Dios, quien es la Virgen de la Gracia más alta: Ser la madre del Salvador (Jesucristo), entendió muy bien lo que significaba la fraternidad, pues a pesar de estar embarazada requiriendo ser atendida, prefirió dirigirse a ayudar a su prima Isabel, “Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lucas 1, 40). Ahí permaneció asistiéndole por unos 3 meses, dándose en servicio por el amor fraternal que les unía.

Otros que también demostraron tanto su amor fraternal fueron aquel grupo de amigos de Cafarnaúm quienes llevaron a un paralítico paralitico hacia una casa donde se encontraba Jesús para que lo curara, pero viendo que por el gentío que se agolpaba a la puerta no podían llegar hasta El, decidieron subirse al techo, hacer un hueco y bajar colgando a su amigo hasta lograr ponerlo frente a Cristo. ¡Qué gran amistad! Lo mejor de todo, es que Jesús sanó a aquel hombre de su parálisis y perdono sus pecados no solo por su fe, sino también por la fe de sus amigos. (Marcos 2, 1-12) ¿Sabías que por tu fe y por tu perseverancia en llevar a tus amigos a Jesús ellos podrían ser sanados y salvos?

Hace aproximadamente 3 años conocí a un colega a quien contrate para trabajar en la academia que presido. Él era y es un hombre súper responsable, trabajador y muy honesto, sin embargo sentía en él cierta tristeza y decidí invitarle a la Iglesia, pero me dijo que algunas veces asistía. Como yo había tenido la maravillosa oportunidad de vivir un retiro llamado Cursillo de Cristiandad, quise posteriormente invitarle a vivir la experiencia, a lo que me dijo, que no podía, que estaba muy ocupado… Por lo que decidí hacer algo: ¡Dar rodillas!

Como éramos colegas de trabajo cada cierto tiempo antes de verle oraba por él y volvía a invitarle, a lo que siempre tenía una excusa para no asistir. Pasaron meses o quizás más de un año, hasta que a la 47va ocasión de invitarle un día, cuando menos me lo esperaba me dijo: – Sí….pues avísame cuando sea el próximo retiro. Y esta fue mi expresión: 🙂

Gracias a Dios mi amigo tuvo un encuentro personal con Jesucristo, retomo su compromiso de vida familiar, hoy comparte más con sus hijos y esposa, y su lema de vida cambio de ser: Trabajo, trabajo y más trabajo, por 1ro Dios 2do Familia.

Querido hermano(a) que lees esta reflexión, de nada serviría que leyeras este mensaje y no salieras de ti mismo(a), si no fueras hermano(a) a partir de hoy.  Poca importancia tendría decir: ¡Qué bonito texto que escribió Manuel este mes! Hoy te digo ¡Sal de la corriente social que nos empuja al individualismo!,  que te llama a vivir buscando ‘‘likes’’, a estarte tirando ‘‘selfies’’ o metiéndote en el gimnasio por horas muertas para ponerte roca… ¡Despierta de la anestesia del materialismo y de la indiferencia! Mira a quienes tienes cerca y ayúdales en sus necesidades! ¡Sal de ti mismo y entrégate a los demás! ¡Abraza, sirve, escucha, alienta, comparte, sé hermano(a)!

 

Manuel Lamarche