El pan es uno de los alimentos más consumidos actualmente en todo el mundo. Lo comemos sumergido en leche con chocolate, en un sándwich de jamón y queso o en una sabrosa hamburguesa, uuuuummmm. Este fue el alimento básico de la humanidad desde la prehistoria y ha sido tan importante en la alimentación humana, que se considera como un sinónimo de la palabra alimento en muchas culturas. Por ejemplo, en República Dominicana cuando salimos a trabajar usamos la expresión: ‘‘Saldré a buscar el pan’’; si una pareja va recibir un bebé le decimos: ‘‘No te preocupes, que los niños nacen con el pan debajo del brazo’’, como un forma de dejarles saber no le faltará que comer, pues Dios siempre provee.

Durante la presencia física de Jesús Hombre y Dios Verdadero en la tierra, se celebraba en Israel, su país natal, una fiesta muy significativa y tradicional llamada la Pascua Judía (que hoy día todavía se celebra), en la que los judíos o israelitas recordaban con mucha alegría como Dios Padre les había liberado de la esclavitud de los Egipcios. Uno de los alimentos más disfrutados en esa festividad era el pan ácimo o sin levadura acompañado de vino, de hecho Jesús así lo hace en su última cena con sus amigos.

El pan y todos los alimentos cumplen en nosotros un propósito principal: ¡Mantenernos vivos!; pues además del agua, como sustancia primordial para subsistir, la comida es la que nos sostiene y provee los nutrientes necesarios para la salud y funcionamiento de nuestro cuerpo. Pero, ¿Por qué si los alimentos y el agua nos mantienen vivos Jesús se llama a sí mismo El Pan de Vida?

Así de necesario como es el alimento para el cuerpo lo es Jesús para nuestra vida, y en mucho más proporción, por esto es necesario que estemos en comunión (Común unión) con Él. Jesús no sólo es el único que puede saciar plenamente nuestra hambre de Amor y búsqueda constante de la Felicidad, sino que también sólo Él puede darnos la Vida Plena aquí en la tierra y la Vida Eterna en el cielo.

Jesús no se limita a acompañarnos en esta especial pero corta vida, sino que Él trasciende nuestra existencia actual y quiere que también nosotros lo hagamos. Por eso El, todos los días, se hace presente cerca de ti en la Sagrada Eucaristía, para que todos como un mismo cuerpo, donde Cristo es la cabeza y nosotros sus miembros podamos comerle en un mismo pan y unirnos interiormente a Él. Somos un solo cuerpo porque participamos de un mismo pan. (1 Cor 10, 17)

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo». Después, tomó una copa, dio gracias y se la entregó diciendo: «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vida, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre» (Mateo 26, 26-30) 

La Sagrada Eucaristía (Misa)

Así como nuestro cuerpo necesita del alimento para sostenerse, también nuestra alma necesita del único alimento espiritual que puede saciar esa ansiedad interior de paz y alegría; ese alimento es la Sagrada Eucaristía, el Cuerpo y La Sangre de Jesús.

«Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás» (Juan 6.35). «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» (Juan 7.37)

Jesús quiere que tú, yo y todos comamos de Su Cuerpo y bebamos de su Sangre para calmar por siempre esa hambre y sed de Amor interno que ningún ser humano creado por Dios puede saciar a plenitud; ni papá, ni mamá, ni un(a) amigo(a), ni tu novio(a), ni siquiera tu esposo(a), sino únicamente Cristo Jesús, que se hace humilde en forma de Pan para llenar ese espacio ansioso de nuestro ser.

Ahora bien, ¿Cómo podemos comer y beber de Él?

En la Misa o Eucaristía celebrada en todas las parroquias del mundo entero todos los días del año (Excepto el Viernes Santo de la Semana Santa), el pan ácimo en forma redonda y fina conocido como Ostia junto al Vino son consagrados (transustanciados) y convertidos en esencia real en El Cuerpo y La Sangre del mismo Jesucristo en manos de los Sacerdotes, únicas personas escogidas por Dios como medio para realizar este Gran Milagro.

Jesús vivo se entrega cada día por ti y por muchos en la Eucaristía como un gran regalo, como lo hiso en carne y hueso para ser crucificado, simplemente porque te ama sin medidas y para siempre. Él quiere que tú le comas y le bebas para unirse más a ti, para hacer una Común-Unión (Comunión) contigo y regalarte gracias y dones espirituales para tu bien y el de los demás.

El dijo: «Yo soy el pan vivo bajado del Cielo. El que coma este pan vivirá para siempre. El pan que Yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo». (Juan. 6, 51) 

¿Qué pasa en ti cuando comulgas (comes) a Jesús y haces comunión con Él?

  • Al recibir la Eucaristía te unes íntimamente con Cristo Jesús, quien te transmite su gracia, su propia vida.
  •   La Comunión te separa del pecado, es este el gran misterio de la Redención, pues su Cuerpo y su Sangre son derramados por el perdón de los pecados.
  •   La Eucaristía fortalece tu caridad, tu entrega a los demás, que en la vida cotidiana se debilita.
  •   La Eucaristía sana y libera.
  •   La Eucaristía es el Sacramento de la Unidad, pues quienes reciben el Cuerpo de Cristo se unen entre sí en un solo cuerpo: La Iglesia.
  •   Comer a Jesús te hace partícipe de la vida eterna.

¡Wao! ¡Cuántas Gracias recibimos de Jesús al comulgar, haciéndonos uno con El!

Así como no podemos ver el aire pero sabemos que existe porque llena nuestros pulmones al respirar, de la misma forma ocurre con la Ostia Consagrada, que en Esencia Espiritual  se convierte real y efectivamente en El Cuerpo y La Sangre de Jesús, aunque no le podamos ver.

¿Quieres ser sanado(a) física o internamente? ¿Anhelas llenar tu corazón plenamente? Ahí está Jesús, El Pan de Vida bajado del Cielo presente en todas las Iglesias Católicas, de las cuales estoy seguro que hay alguna cercana a ti.

Si te sientes indigno(a) de acercarte a Jesús Pan de Vida, ¡Qué bueno!, Pues Él no vino a buscar a los perfectos(as) sino a los pecadores.

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» Jesús (Lucas 5, 32)

«Mi carne es comida verdadera, y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él. Como el Padre que vive me envió, y Yo vivo por El, así, quien me come a Mí, tendrá de Mí la vida; El que come este pan vivirá para siempre”. (Juan. 6, 55-58).

 

Manuel Lamarche