Cada día vemos como el comercio trata de seguirnos bombardeando con publicidad orientada en despertar sensaciones; que si un refresco frío, burbujeante y sudoroso para humectar nuestro paladar junto con la gran hamburguesa colorida y humeante para estimular nuestro estómago, a tal vez todos esos efectos especiales y luces despampanantes de los conciertos que nos dejan boca abierta, o aquel papelito perfumado para captar nuestro olfato hacia la compra de un perfume… en fin, podría decir todo gira hacia captar la atención de nuestros sentidos.

Quizás por este ataque estratégico del marketing u otras razones pudiéramos estar entrando en la confusión entre sensaciones, sentimientos o emociones y la auténtica sensibilidad.

Falsos conceptos de sensibilidad

La sensibilidad parece confundirse con muchas cosas hoy día. Hay quienes piensan que se trata de una melancolía eterna, de que todo me afecta, que todo me entristece y que por todo “me rajo a dar grito”: – BUAAAAAAAA AY AY (con jipío y todo).

Algunas personas opinan que la sensibilidad consiste en que todo ‟como que me da corriente˝, es decir, que todo me da alergia, que todo me irrita y todo me molesta; por todo un frío o un calor, siempre con una inconformidad, porque yo soy “sensible”: – No te me pegue mucho que yo soy una gente sensible (Complicá)….

Por otra parte, hay quienes consideran que una persona sensible es aquella que en todo tiene un sentimentalismo apoteósico, un romanticismo empalagoso, un enamoramiento platónico tipo «ánime», de esos que les brillan los ojos y le salen corazoncitos hasta los oídos… ummmmmmm ♥♥

Pero, y entonces, ¿Qué es la sensibilidad?

La auténtica sensibilidad

La auténtica sensibilidad es esa flama interior del amor de Dios en nuestro corazón que nos mueve a actuar con misericordia. Es un impulso que nos lleva a una acción concreta en bien de otra persona. No se queda en un sentimiento, se transforma en un acto de compasión.

En Mt. 9, 36 vemos a Jesús, quien siendo plenamente divino también es plenamente humano, en esto último como tú y como yo, y por esto es capaz de sentir el dolor y el sufrimiento de los que andaban decaídos, desanimados, perdidos, sin orientación, necesitados. ¿Te duele a ti también ver a otros, quizás jóvenes como tú, pero que anden decaídos, desanimados o perdidos?

No hay que ir muy lejos, cerca de tu casa, en el mismo barrio, en el colegio o en la universidad, solo basta que te fijes bien como muchos andan así, desconsolados, aunque fingiendo esta felices. Ahora bien, si Dios mismo te permite notar estas cosas, ¡Es porque Él quiere que hagas algo! ¡Él necesita de tu sensibilidad!

¿Y cómo hacerlo? ¿Qué acciones concretas puedes tomar para cambiar esto?

Aquí algunas ideas:

  1. Invita a una familia o joven a compartir en tu casa o grupo juvenil.
  2. Búscalo y llévalo a la Pascua Juvenil.
  3. Envíale la Palabra Diaria (Las lecturas del Evangelio) por las redes sociales.
  4. Ora por esa persona.
  5. Comparte de lo que tienes.

Es momento de seguir construyendo la civilización del amor, así como Jesús. Sé sensible. No te quedes con la intención de ayuda, ¡Actúa! ¡Ya! ¡Desde hoy mismo! Alguien una vez o quizás muchas más también lo hiso por ti, por eso hoy lees esta reflexión, por eso conoces de Dios, por eso llegaste a un grupo juvenil. ¡Ahora te toca a ti amar!

Manuel Lamarche