La llamada de Jesús

Jesús se le aparece a sus 11 primeros discípulos tras su resurrección y les dice: «Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19) y lo hace como un mandato «Vayan», esta vez sin parábolas, no dejando espacio para suposiciones, siendo claro y preciso en su llamado.

Cristo nos dice estas palabras no como un dictador o un fariseo de sus tiempos o de nuestros días, a quien antojadizamente se le ocurre poner cargas difíciles a los demás y solo manda a otros sin estar dispuesto a hacer lo que exige, sino que Él, Jesús, ya había dado múltiples ejemplos de obediencia a su Padre y que ya había ido Él primero a hacer discípulos de Yahveh a distintos pueblos de Israel. Por tanto, Cristo, da testimonio primero de subordinación a Dios Padre yendo a cumplir con su misión, por lo que está siendo muy integro al enviarnos a ti y a mi hoy.

Jesús no nos llama hoy a ti, a mí y a todos los cristianos (sus discípulos actuales) a modo de consejo, tipo buzón de sugerencias o como una lluvia de ideas: Bueno… Si tú crees que puedes ve, yo te sugiero, se me ocurre que evangelices a algunas personas, sobre todo a los que te caigan bien… ¡No!, sus palabras son un importante encargo, una gran, hermosa y desafiante misión, que es la misma para todos y cada uno de los cristianos sin excepción: «Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos». Es decir: ¡Evangeliza! ¡Evangeliza en todas partes!

¿Evangelizar?

Hay muchas confusiones sobre lo que significa evangelizar, empezando por quienes piensan que se trata de decir lo que uno piensa sobre Jesús o lo que le dijo un sacerdote o algún hermano de la parroquia que diga sobre Dios, María o la Iglesia.

Jesús, tan pronto nos dejó la misión de evangelizar nos dijo exactamente qué era lo que teníamos que realizar al hacerlo: «Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándoles al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, y ensenándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado.»

El Señor nos envía a evangelizar bautizando y enseñando. Pero no bautizando en nombre propio (de Juan de los Palotes), ni para ser posesión de quien ministra ese sacramento, sino en Nombre y para ser pertenencia del Padre (Yahveh), del Hijo (Jesucristo) y del Espíritu Santo. Por tanto en el Bautismo pasamos a ser propiedad de la Santísima Trinidad de Dios

Ahora bien, estamos claros de que tú y yo como laicos no estamos autorizados a bautizar (salvo en posibilidad de muerte del bautizando), sino los ministros de este sacramento, que son los obispos, sacerdotes o diáconos. No obstante, tenemos la misión en virtud y desde nuestro bautismo de enseñar, como sacerdotes y profetas que somos. ¿Pero de enseñar qué? ¿Lo que yo quiera? ¿Lo que yo opine? No, sino lo que Cristo nos ha mandado enseñar. Todo lo que Él nos enseña en su Palabra, la Biblia, especialmente en los Evangelios, por eso le llamamos a esta acción Evangelizar.

La Misión: Evangelizar, ¿Pero cómo?

Evangelizar es llevar el mensaje del Evangelio, las enseñanzas de Jesucristo, sin embargo este no implica que exista una única manera de hacerlo, sino que por el contrario, existen muchas formas de hacerlo. Bien, dice San Pablo: Hay diversidad de dones y carismas…

Hace ya 6 años al terminar de impartir una clase de Inglés, mientras me encontraba solo recogiendo mis utensilios docentes sentí una fuerte voz interior que me dijo: Enseña sobre mí. Era la voz de Jesús. Llegué a casa y me hinqué pidiéndole que me guiara, que me formara, que me capacitara. Empecé a escucharle en silencio cada mañana por medio de los Evangelios y me enamoré de Él. Le fui pidiendo que pusiera sus palabras en mis labios, en mi mente, en mi corazón y en mis manos, y poco a poco, por su Misericordia, con Su Espíritu Santo, la compañía de la Virgen María y solo para su Gloria, escribí los libros Los 10 Rostros de Jesús y 100 Lumbreras para el Camino. A su vez había estudiado un poco de música y como tocar el instrumento del saxofón, y le pedía que me capacitara para que a través de las melodías Él sanara y alegrara a mis hermanos, y Él así lo ha hecho. Hoy evangelizo por medio de la predicación, de escritos y de la música.

¡No existe una única forma de evangelizar! Puedes llevar las enseñanzas y mandatos  de Jesús que son el mensaje de conversión, de salvación, de amor, de perdón, de justicia y de paz, acompañado de esas mismas acciones que Él realizaba, que eran amar, liberar, perdonar, sanar, consolar, acompañar. De hecho, puedes llevar sus enseñanzas por medio de una conversación natural en el patio de tu casa a tus familiares, tocándole la puerta a tus vecinos para que juntos lean la Biblia y oren, al visitar a un enfermo o un preso, cantando en el coro de tu parroquia, escribiendo canciones cristianas, dando catequesis a los niños, formando a los jóvenes con charlas o en grupos de Oración y Pastoral Juvenil, escribiendo artículos o grabando mensajes de voz en la redes sociales, diseñando los boletines de tu parroquia, dibujando carteles con sus frases, ¡En fin! Hay diversidad de talentos y Dios a todos nos ha dado al menos uno, para que lo pongamos a producir.

En la Misión Evangelizadora ¡No vamos solos!

Jesús no nos manda solos, Él no es un dictador ni un fariseo, todo lo contrario, ¡Él es parte de batallón misionero!, y si no me crees, aquí te dejo su último mensaje tras darnos la misión de evangelizar:

«Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándoles al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, y ensenándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes desde siempre, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28, 19-20)

¡Amén! ¡No temas evangelizar! ¡Tú cuentas con Jesús! ¡Todo lo puedes en El quien te fortalece! ¡Si Él está contigo, quien estará contra ti! ¡Dios te bendice!

Manuel Lamarche

Evangelizador